Jehová dió, Jehová quitó y decido compartirlo contigo.

El silencio de Dios en medio del dolor, la angustia, interrogativas siempre incomoda para aquellos que nuestra confianza está anclada en Jesús.  Y aunque incomoda es una temporada donde tenemos que tomar la decisión de confiar en la soberanía de Dios.  No es nada fácil activar nuestra Fe cuando el resultado final no es el que esperábamos.

En enero de este año recibí una de las noticias mas esperada para mi esposo y para mí.  Raquel, estás embarazada.  No podía creerlo pensaba que nunca iba a escuchar esas palabras.  Me dije guau qué emocionante y qué gran responsabilidad para nosotros.  Esas primeras semanas fueron muy especial para mi esposo y para mí.  Y para algunas amistades y familiares que ya le habíamos compartido la noticia.  La sorpresa trajo tanta alegría y una sensación de emociones que nunca olvidaré.

Una noche después de terminar una conversación por el teléfono sobre la gran noticia del año mi embarazo, pasó lo inesperado.  Lo que nunca hubiera imaginado que me iba a pasar a mí.  Esa madrugada tuve un aborto espontáneo y el mundo se me vino abajo.  Además del proceso que sucedió en mi cuerpo la experiencia la describo como un dolor en mi alma que nunca olvidaré.  Me acuerdo que la cabeza me daba vuelta y de camino al hospital me pasaron tantos pensamientos por la mente.  No podía procesar el acontecimiento y quería creer que todo iba a estar bien.  Recuerdo que cuando estaba en el hospital cada vez que el doctor iba a entrar a hablarme sobre los próximos pasos yo no lo dejaba hablar.  Lloraba en voz alta con tanto sentimiento porque no quería escuchar la explicación de lo que le estaba pasando a mi cuerpo.  Y nuevamente entraba el doctor y más alto lloraba y él tenía que esperar que me calmará para proceder.  Me acuerdo que era un jueves mi esposo estaba fuera del estado por cuestiones de trabajo y llegaba el viernes para estar presente en nuestra próxima cita con la ginecóloga.  La cita del ultra sonido para ver el proceso del bebé.

Al final, el doctor confirmó lo que no quería escuchar.  Desafortunadamente había tenido un aborto espontáneo.  Para ustedes mis amadas lectoras que han pasado por algo similar.  Mis respetos y admiración para cada una de ustedes.  El proceso de duelo va a ser único para cada una de nosotras, pero va a ser necesario. 

La razón por la cual decidí compartir este evento de mi vida hoy sábado, 19 de septiembre de 2020 con el mundo es porque este fin de semana hubiera nacido nuestro bebé.  Este proceso no ha sido nada fácil, pero en este proceso de duelo he aprendido a depender en Dios y a entender que Dios siempre tendrá la última palabra.

Mujer, que estás pasando por este tipo de pérdida recuerda lo siguiente.  Aun cuando tu dolor no tiene una línea de tiempo para que te sientas mejor descansa en el consuelo del Espíritu Santo.  Vive el dolor un día a la vez y recuerda que cada día se va a ver diferente y sólo el Espíritu Santo va a poder sanar esa herida. 

Aquí te comparto algunos tips que me han ayudado a mí en mi proceso de duelo:

  1. Sé sincera con Dios y déjale saber cómo te sientes.
  2. Sé sincera contigo misma no eres la mujer maravilla.  No ignores tus emociones ni lo que estás sintiendo.
  3. Busca apoyo espiritual y emocional.  Es importante que te conectes con otras mujeres de Dios que te escuchen sin juzgarte y te den palabras de vida y de ánimo.  Recuerda que los que están alrededor de nosotros tienen la mejor intención, pero a veces sus palabras van a causar más dolor que sanidad.
  4. Te animo a que continúes persiguiendo tus metas y tus sueños.  Hay un llamado de Dios sobre tu vida.  Este no es tu final ni tampoco el último capítulo de tu historia.
  5. Ten Fe que tu presente y tu futuro está en las manos de Dios.

En conclusión, no les miento de tantos momentos especiales que he vivido con mi esposo hubiera dado lo que no tengo porque hoy hubiera sido diferente.  Hoy hubiera deseado abrazar a mi bebé y vivir este momento con mis seres queridos. No obstante, hoy sólo me resta decir las palabras de Job: “El Señor me dio lo que tenía, y el Señor me lo ha quitado. ¡Alabado sea el nombre del Señor!».

Recibe la paz de Dios,

Raquel Toledo


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